aúl (una aldea tártara). Los tártaros se apearon de los caballos; los niños tártaros se acercaron y rodearon a Zhilin, chillando de júbilo y tirándole piedras.
El tártaro espachurró a los niños, bajó a Zhílin del caballo y llamó a su criado. Un nogayo de pómulos salientes, que no llevaba más que una camisa (y esta tan rota que se le veía todo el pecho), acudió a la llamada. El tártaro le dio una orden. Fue y trajo unos grillos: dos cepos de roble con argollas de hierro, y un corchete y un candado fijos a una de las argollas.
Le desataron los brazos a Zhílin, le sujetaron los grilletes en la pierna y lo arrastraron hasta un granero, donde lo empujaron hacia adentro y cerraron la puerta con llave.
Zhílin cayó sobre un montón de estiércol. Se quedó quieto un rato, luego tanteó a tientas para encontrar un lugar blando y se acomodó.