Ahora me asombra no haber visto mi verdadera situación. Podría haberse deducido del hecho de que las discusiones comenzaban con pretextos que era imposible recordar una vez que terminaban. Nuestra razón no era lo suficientemente rápida como para inventar excusas suficientes para la animosidad que siempre existía entre nosotros. Pero aún más sorprendente era la insuficiencia de las excusas para nuestras reconciliaciones. A veces había palabras, explicaciones, incluso lágrimas, pero a veces... ¡oh!, resulta repugnante aun ahora pensar en ello..., tras las palabras más crueles dirigidas el uno al otro, venían de pronto miradas silenciosas, sonrisas, besos, abrazos... ¡Puaj, qué horrible! ¿Cómo es posible que entonces no viera toda su bajeza?».
Table of Contents
XII
1574