¿Cómo lo llamó él? Su iniciación o su iluminación; no lo recuerdo exactamente.
—Tengo el honor —digo— de felicitarlo.
Y allí se sienta con el rostro muy encendido, pero sonríe. ¡Vaya que si se divirtieron a su costa!
Bien y bueno. Se fueron después a la sala de billar, todos muy alegres; y Nejliúdov se acercó a la mesa de billar, se apoyó en el codo y dijo:
—Para ustedes es divertido, caballeros —dice—, pero para mí es triste. ¿Por qué —dice— lo hice? Príncipe —dice—, nunca se lo perdonaré a usted ni a mí mismo mientras viva.
Y de verdad se echó a llorar. Evidentemente, él mismo no sabía lo que decía. El príncipe se le acercó con una sonrisa.
—No digas tonterías —dice él—. Vámonos a casa, Anatoli.
—No iré a ninguna parte —dice el otro—. ¿Por qué hice eso?
Y las lágrimas le brotaban por las mejillas. No quería apartarse de la mesa de billar, y eso fue todo. Eso es lo que significa para un joven inexperto …
De este modo solía venir a vernos a menudo. Una vez vino con el príncipe y el hombre de los bigotes que era el compinche del príncipe; los señores siempre lo llamaban «Fedotka». Tenía los pómulos salientes y era bastante feo, desde luego; pero solía vestir con pulcritud e iba en carruaje. ¿Cuál era la razón de que los señores le tuvieran tanto afecto? La verdad es que no sabría decirlo.
“¡Fedotka! ¡Fedotka!”, le llamaban, y le convidaban a comer y a beber, y se gastaban el dinero pagando por él; pero era un granuja de siete suelas. Si alguna vez perdía, ten por seguro que no pagaba; pero si ganaba,