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nydus/Short FictionPublic
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I

nunca». Yo no quería lo que había obtenido, sino una vida de lucha; quería que el sentimiento fuera la guía de la vida, y no que la vida guiara el sentimiento. ¡Si tan solo pudiera ir con él al borde de un precipicio y decirle: “Un paso y caeré, un movimiento y estaré perdida!”, entonces, pálido de miedo, me tomaría en sus fuertes brazos y me sostendría sobre el abismo hasta helarme la sangre, para luego llevarme a donde le viniera en

Este estado de ánimo afectó incluso a mi salud, y comencé a padecer de los nervios. Una mañana me sentía peor que de costumbre.

Había regresado de la oficina de la finca indispuesto, lo cual era una rareza en él. Lo noté de inmediato y le pregunté qué pasaba. No quiso decírmelo y dijo que no tenía importancia.

Me enteré después de que el inspector de policía, por rencor hacia mi marido, estaba citando a nuestros campesinos, haciéndoles demandas ilegales y profiriéndoles amenazas. Mi marido no pudo digerir esto de inmediato; no le parecía meramente «penoso y divertido». Estaba irritado y, por tanto, no dispuesto a hablarme de ello.

Pero a mí me pareció que no deseaba hablarme del asunto porque me consideraba una simple niña, incapaz de comprender sus preocupaciones. Me alejé de él y no dije más.

Luego le pedí al criado que le dijera a Márya Mínichna, que se hospedaba en la casa, que nos acompañara a desayunar. Desayuné muy deprisa y la llevé a la salita de estar, donde comencé a hablarle en voz alta sobre alguna nusedad que no me interesaba lo más mínimo.

Él se paseaba por la habitación, mirándonos de vez en cuando. Esto hizo que me inclinara cada vez más a hablar y hasta a reír; todo lo que yo decía, y todo lo que decía Márya Mínichna, me parecía divertido. Sin decirme una sola palabra, se fue a su estudio y cerró la puerta tras de sí.

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