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nydus/Short FictionPublic
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I

Ocurrió en Rusia en los años setenta, cuando la lucha entre los revolucionarios y el gobierno estaba en su apogeo.

El Gobernador General de un distrito del sur de Rusia, un alemán de aspecto saludable, con bigotes caídos y una mirada fría en su rostro inexpresivo, vestido con uniforme militar, con una cruz blanca en el cuello, estaba sentado una tarde en su gabinete, ante una mesa sobre la cual había colocadas cuatro velas con pantallas verdes, revisando y firmando papeles que le había dejado su secretario.

Entre esos papeles se encontraba la orden de ejecución de Anatole Svetlogoúb, licenciado por la Universidad de Novorosisk, condenado por tomar parte en una conspiración para derrocar al Gobierno entonces existente. El general, frunciendo profundamente el ceño, firmó también aquel papel. Con sus dedos blancos y bien cuidados, arrugados por la vejez y el uso de abundante jabón, ajustó cuidadosamente los bordes de los pliegos y los dejó a un lado. El siguiente documento trataba sobre las sumas destinadas al transporte de forraje. Leyó esto con atención, sopesando si las cantidades estaban calculadas correcta o incorrectamente, cuando de repente recordó una conversación que había tenido con su ayudante sobre el caso de Svetlogoúb. El general pensó que la dinamita hallada en posesión de Svetlogoúb no era prueba suficiente de intenciones criminales; mientras que el ayudante insistía en que, además de la dinamita, había pruebas suficientes para demostrar que Svetlogoúb era el cabecilla de la banda. Y, al recordar esto, el general se quedó pensativo; y su corazón, bajo la casaca acolchada con vuelvos tan rígidos como el cartón, comenzó a latir con nerviosismo; y respiraba con tanta fuerza que la gran cruz blanca —objeto de su alegría y orgullo— subía y bajaba visiblemente sobre su pecho. Todavía se podía llamar de

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