nueva, una ligera helada, las carreteras seguían en buen estado, buenos caballos y un cochero alegre, y a medida que avanzaba lo disfrutaba, sin pensar casi en lo que me esperaba; o tal vez lo disfrutaba precisamente porque sabía lo que me aguardaba y me estaba despidiendo de las alegrías de la vida. Pero ese estado de ánimo tranquilo, esa capacidad para reprimir mis sentimientos, terminó con mi viaje en coche. Tan pronto como subí al tren comenzó algo completamente distinto. Ese viaje de ocho horas en un vagón de ferrocarril fue algo espantoso, que nunca olvidaré en toda mi vida. Ya fuera porque, al ocupar mi asiento en el vagón, me imaginé vívidamente que ya había llegado, o porque los viajes en tren tienen un efecto tan excitante en las personas, el caso es que desde el momento en que me senté en el tren ya no pude controlar mi imaginación, y con una viveza extraordinaria que inflamaba mis celos pintaba incesantemente, uno tras otro, cuadros de lo que había sucedido en mi ausencia, de cómo me había sido infiel. Ardía de indignación, de ira y de un sentimiento peculiar de embriaguez con mi propia humillación, mientras contemplaba esas imágenes, y no podía apartarme de ellas; no podía evitar mirarlas, no podía borradas y no podía dejar de evocarlas.
“Eso no era todo. Cuanto más contemplaba aquellos cuadros imaginarios, más fuerte crecía mi creencia en su realidad. La viveza con que se me presentaban parecía servir de prueba de que lo que imaginaba era real. Era como si algún demonio, en contra de mi voluntad, inventara y me sugiriera las reflexiones más terribles. Vino a mi memoria una vieja conversación que había tenido con el hermano de Trujachévski, y en una especie de éxtasis me desgarré el corazón con aquella conversación, aplicándola a Trujachévski y a mi mujer.
“Eso había sucedido mucho antes, pero lo recordé. El hermano de Tujachevski, según recuerdo, en respuesta a una pregunta sobre si frecuentaba burdeles, había dicho que un hombre decente no iría a lugares donde hubiera peligro de contagio y que fueran sucios y