demasiado bajo. Modificó esto y volvió a hacer un lazo, se lo midió alrededor del cuello y, escuchando con ansiedad y mirando hacia la puerta, volvió a subirse al taburete, metió la cabeza en el lazo, se lo ajustó, dio una patada al taburete y quedó colgado.
Fue solo al hacer su ronda matutina cuando el carcelero notó que Mezhenétsky estaba de pie, con las rodillas dobladas, junto al taburete, que yacía de lado.
Lo bajaron, y el inspector de la prisión llegó corriendo y, al enterarse de que Román era médico, lo llamó para que prestara auxilio al ahorcado.
Se le administraron todos los remedios habituales para devolverle la vida, pero Mezhenétsky no volvió en sí.
Su cuerpo fue llevado al depósito de cadáveres y colocado junto al cuerpo del viejo sectario.