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nydus/Short FictionPublic
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I

incluso mis sentidos, estaban plenamente ocupados; pero había otro sentimiento de juventud y un anhelo de movimiento, que no encontraba satisfacción en nuestra apacible vida.

¿Qué le había llevado a decir que, cuando quisiera, podíamos irnos al pueblo?

De no haberlo dicho, tal vez me habría dado cuenta de que mis desagradables sentimientos eran culpa mía y una insensatez peligrosa, y que el sacrificio que deseaba estaba ahí ante mí, en la tarea de superar dichos sentimientos.

Me obsesionaba la idea de que podía escapar de la depresión con un simple cambio de aires, alejándome del campo; y al mismo tiempo me avergonzaba y me entristecía arrancarle, por motivos egoístas, de todo aquello que le importaba.

Así pasó el tiempo, la nieve se hizo más profunda, y allí nos quedamos juntos, muy solos y exactamente igual que antes, mientras afuera sabía que había ruido, brillo y bullicio, y multitudes de personas sufriendo o regocijándose sin acordarse un instante de nosotros ni de nuestra remota existencia.

Lo que más sufría era la sensación de que la costumbre petrificaba a diario nuestras vidas en una sola forma fija, de que nuestras mentes perdían su libertad y se volvían esclavas del curso constante y apático del tiempo. La mañana siempre nos encontraba alegres; éramos educados en la cena y afectuosos por la noche. > «Está bien —pensaba— hacer el bien a los demás y llevar una vida recta, como él dice; pero para eso habrá tiempo más adelante; y hay otras cosas para las cuales el tiempo es ahora o

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