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nydus/Short FictionPublic
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XIII

la lúgubre y apagada noche confería un carácter singular y misterioso a todo aquel movimiento, como si cada cual sintiera la oscura quietud y temiera romper su calmada monotonía.

Cuando comencé a hablar, sentí que mi voz sonaba extraña, y percibí el mismo estado de ánimo reflejado en los rostros de todos los soldados sentados cerca de mí. Pensé que antes de unirme a ellos habían estado hablando de su camarade herido; pero no había sido así en absoluto. Chikín les había estado hablando sobre la recepción de suministros en Tiflis, y sobre los granujas de allí.

He notado siempre y en todas partes, pero especialmente en el Cáucaso, el tacto peculiar con que nuestros soldados evitan mencionar cualquier cosa que pueda tener un mal efecto en el ánimo de un camarada.

El ánimo de un soldado ruso no se basa en un entusiasmo fácilmente inflamable que se enfría rápido, como el valor de las naciones meridionales; es tan difícil inflamarlo como deprimirlo. No necesita escenas, discursos, gritos de guerra, canciones ni tambores; por el contrario, necesita tranquilidad, orden y la ausencia de cualquier afectación.

En un soldado ruso, en uno de verdad, jamás hallarás jactancia, petulancia ni el deseo de obnubilarse o enardecerse en los momentos de peligro; por el contrario, la modestia, la sencillez y la capacidad de ver en la situación de riesgo algo totalmente distinto al peligro mismo son los rasgos distintivos de su carácter.

He visto a un soldado herido en la pierna que, en un primer instante, solo pensaba en el agujero de su nuevo capote de piel de oveja, y a un delantero de artillería que, saliendo a gatas de debajo de un caballo muerto a su lado, comenzó a desabrochar lascinchas para salvar la silla.

¿Quién no recuerda el incidente en el sitio de Gergebel, cuando la mecha de una bomba cargada prendió fuego en el laboratorio y un sargento de

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