—¿Pero de dónde ha salido el grano del Señor? Piénsalo bien, ¿quién lo aró?, ¿quién lo gradó?, ¿quién lo sembró?, ¿quién lo cosechó? Los campesinos, ¿eh?
Míralo bien: si el grano del Señor se le da a los campesinos, entonces aquellos campesinos que trabajen más obtendrán más; pero tú trabajas menos que nadie. Todo el mundo se queja de ti. Trabajas menos que todos los demás y, sin embargo, pides más grano del Señor que todos los demás.
¿Por qué se te ha de dar a ti y no a los demás? Pues bien, si todos, como tú, se cruzaran de brazos, no tardaría mucho tiempo en que todo el mundo en el mundo muriera de hambre. Hermano, hay que trabajar. Esto es vergonzoso. ¿Oyeres, David?
—Te oigo —dijo el otro lentamente entre dientes.