«No quiero ninguna ayuda —dijo—, mi trabajo marcha viento en popa. Tarás no podrá resistir más de una semana. Primero hice que se volviera codicioso y gordo. Su avaricia se hizo tan grande que todo lo que veía lo quería comprar. Se ha gastado todo su dinero en comprar lotes inmensos de mercancías y sigue comprando. Ya ha empezado a usar dinero prestado. Sus deudas pesan como una losa sobre sus hombros y está tan enredado que nunca podrá salir a flote. En una semana vencen sus letras, y antes de eso arruinaré toda su mercancía. No podrá pagar y tendrá que volver a casa de su
Luego le preguntaron al tercer diablillo (el de Iván): «¿Y tú, cómo vas?».
—Bueno —dijo él—, mi asunto va mal. Primero escupí en su bebida para hacerle doler el estómago, y luego fui a su campo y endurecí la tierra como una piedra