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nydus/Short FictionPublic
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Encontrarse con un conocido de Moscú en el destacamento

regimiento, charreteras de oro y trompeteros; pero marchar codo con codo con cualquier incivilizado como Antónov Bondarenko, y pensar que no hay diferencia entre él y yo, que da lo mismo que me maten a mí o a él, esa es la idea que me está matando. Comprendéis lo terrible que es que cualquier desarrapado pueda matarme —un hombre que piensa y siente—, y que con la misma facilidad podría matar a Antónov a mi lado, una criatura indistinguible de una bestia; y es muy probable que sea yo quien resulte muerto y no Antónov, siempre es así, une fatalité para todo lo sublime o bueno.

Sé que me llaman cobarde. Concedido que soy un cobarde. Es verdad que soy un cobarde y no puedo evitarlo; pero no basta con que sea un cobarde, según ellos también soy un mendigo y un tipo despreciable. Vaya, acabo de pedirle dinero, y usted tiene derecho a despreciarme. No, recupere su dinero —y me tendió el billete arrugado—; quiero que me respete». Se cubrió la cara con las manos y se echó a llorar, y yo no sabía en absoluto qué decir ni qué hacer.

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