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nydus/Short FictionPublic
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XIX

Y de pronto surgió ante él, con la misma viveza con que antes habían surgido aquel paseo por el bosque y su ideal de vida campestre; con la misma viveza apareció su pequeña habitación de estudiante en Moscú, donde solía pasarse media noche ante una vela solitaria, con su camarada y su querido amigo.

Solían leer durante cinco horas seguidas y estudiar lecciones de derecho civil de lo más estúpidas; y cuando terminaban, mandaban a pedir la cena, abrían una botella de champaña y hablaban sobre el futuro que les aguardaba.

¡Qué enteramente diferente había creído el joven estudiante que sería el porvenir! Entonces el porvenir estaba lleno de placeres, de ocupaciones variadas, brillante de éxito y sin duda alguna seguro de llevar a ambos a lo que les parecía la mayor dicha del mundo: la fama.

—Él seguirá adelante, y con rapidez, por ese camino —pensó Nejliúdov de su amigo—; pero yo...

Pero ya por entonces estaba subiendo las escaleras de su casa; y cerca de ella se hallaban unos veinte campesinos y sirvientes domésticos, que aguardaban al príncipe con diversas peticiones. Y esto lo devolvió de los sueños a la realidad.

Entre la muchedumbre había una campesina desharrapada y ensangrentada, que se lamentaba y se quejaba de su suegro, el cual la había estado apaleando. Había dos hermanos que desde hacía dos años llevaban en común los asuntos domésticos, y ahora se miraban con odio y desesperación. Había también un siervo doméstico sin afeitar y de cabellos grises, con las manos temblorosas por causa de la embriaguez; y este hombre fue llevado ante el príncipe por su hijo, un jardinero, que se quejaba de su mala conducta.

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