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nydus/Short FictionPublic
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IV

A la mañana siguiente, cuando despertaron a Delesof para ir a su oficina, vio, con una desagradable sensación de sorpresa, su viejo biombo, a su viejo sirviente y su reloj sobre la mesa.

—¿Qué esperaba ver si no los objetos habituales que me rodean? —se preguntó.

Entonces recordó los ojos negros del músico y su sonrisa feliz; el motivo de la Melancholie y todas las extrañas experiencias de la noche volvieron a su consciencia.

Sin embargo, nunca fue su costumbre recapacitar sobre si había obrado con sensatez o insensatez al llevarse al músico a casa. Una vez vestido, trazó cuidadosamente sus planes para el día: tomó un papel, escribió algunas instrucciones necesarias para la casa y se puso apresuradamente la capa y los chanclos.

Al pasar por el comedor, echó una ojeada al interior. Albert, con la cara enterrada en el cojín y tendido a lo largo con su camisa sucia y harapienta, dormía profundamente en el sofá azafrán, donde la noche anterior lo habían dejado en un estado de absoluta inconsciencia.

Delesof felt that something was not right: it disturbed him.

“Please go for me to Boriuzovsky, and borrow his violin for a day or two,” said he to his man; “and when he wakes up, bring him some coffee, and get him some clean linen and some old suit or other of mine. Fix him up as well as you can, please.”

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