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nydus/Short FictionPublic
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II

Cerca del pozo se alzaban dos viejos sauces, partidos y rotos, de follaje verde blanquecino. Eran testigos de que alguien, en algún momento, se había interesado por embellecer aquel lugar. Debajo de uno de ellos se sentaba una niña de cabello claro de siete veranos, que vigilaba a otra pequeña de dos, la cual gateaba a sus pies. El perro guardián, retozando a su alrededor, apenas vio al bárin, se precipitó de cabeza bajo la puerta y allí prorrumpía en un ladrido tembloroso que denotaba pánico.

—¿Está Iván en casa? —preguntó Nejliúdof.

La pequeña pareció quedarse estupefacta ante esta pregunta, y no dejaba de abrir los ojos cada vez más, pero no respondió nada. El bebé abrió la boca y soltó un alarido.

Una viejecita, con una falda de cuadros rota, ceñida a la cadera con un viejo cinturón rojo, asomó la cabeza por la puerta y tampoco dijo nada. Nejliúdov se acercó a la entrada y repitió su pregunta.

—Sí, está en casa —respondió la viejecita con voz temblorosa, haciendo una reverencia profunda y mostrando timidez y agitación.

Después de que Nejliúdov hubo preguntado por su salud y cruzado el zaguán hacia el pequeño patio, la anciana, apoyando la barbilla en la mano, se dirigió a la puerta y, sin apartar los ojos del bárin, comenzó a menear suavemente la cabeza.

El corral se encontraba en un estado deplorable, con montones de estiércol viejo y ennegrecido que no habían sido retirados: sobre el estiércol se amontonaban desordenadamente un tronco podrido, horcas y dos rastras.

Alrededor del patio había cobertizos, bajo uno de los cuales se encontraban un arado de madera, un carro sin rueda y un montón de colmenas vacías e inútiles arrojadas unas sobre otras.

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