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nydus/Short FictionPublic
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Historias de la zoología

Uno puede distinguir una cosa por el tacto, y otro no puede distinguir por el tacto qué es madera y qué papel. Uno tomará una sustancia en su boca y la hallará dulce, mientras que otro se la tragará sin alcanzar a distinguir si es amarga o dulce.

Solo que los diferentes sentidos difieren en intensidad en los animales. Pero en todos los animales el sentido del olfato es más fuerte que en el hombre.

Cuando un hombre quiere reconocer una cosa, la mira, escucha el ruido que hace, de vez en cuando la huele o la prueba; pero, sobre todo, un hombre tiene que palpar una cosa para reconocerla.

Pero casi todos los animales, por encima de cualquier otra cosa, necesitan oler las cosas.

Un caballo, un lobo, un perro, una vaca, un oso no conocen nada hasta que lo huelen.

Cuando un caballo le teme a algo, relincha; se limpia la nariz para olfatear mejor y no deja de tener miedo hasta que ha olido bien el objeto.

Un perro sigue frecuentemente la pista de su amo, pero al verlo no lo reconoce y se pone a ladrar, hasta que lo huele y descubre que aquello que le ha parecido tan terrible es su amo.

Los bueyes ven a otros bueyes abatidos y los oyen bramar en el matadero, pero aun así no comprenden lo que está pasando. Pero a un buey o a una vaca les basta con encontrar un lugar donde haya sangre de buey y olerla, para comprender, bramar y golpear con las patas, y no se les puede alejar de ese lugar.

La esposa de un viejo había caído enferma; él mismo fue a ordeñar la vaca. La vaca dio un bufido: descubrió que no era su ama y no quiso darle leche. La ama le dijo a su marido que se pusiera su abrigo de pieles y

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