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nydus/Short FictionPublic
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Esarhaddon, Rey de Asiria

Lailie vio una estaca afilada que goteaba sangre, de la cual acababan de arrancar el cadáver de uno de sus amigos, y comprendió que esto se había hecho para que la estaca sirviera para su propia ejecución. Desnudaron a Lailie. Se sorprendió ante la extrema delgadez de su que antes fuera un cuerpo fuerte y hermoso. Los dos verdugos agarraron ese cuerpo por sus muslos flacos; lo levantaron y se disponían a dejarlo caer sobre la estaca.

«¡Esto es la muerte, la destrucción!», pensó Lailie, y, olvidándose de su propósito de mantenerse valientemente tranquilo hasta el final, sollozó y suplicó clemencia. Pero nadie lo escuchó.

—Pero esto no puede ser —pensó—. Sin duda estoy durmiendo. Es un sueño. E hizo un esfuerzo por espabilarse, y en verdad se despertó, para hallarse a sí mismo convertido ni en Esarhaddon ni en Lailie, sino en una especie de animal. Le sorprendió ser un animal, y le sorprendió también no haberlo sabido antes.

Pastaba en un valle, arrancando la tierna hierba con los dientes y espantando las moscas con su larga cola.

A su alrededor retozaba un pollino de patas largas y gris oscuro, rayado a lo largo del lomo. Coceando con las patas traseras, el pollino galopó a toda velocidad hacia Esarhaddon y, hundiéndole el hocico liso bajo el vientre, buscó la ubre y, al encontrarla, se calmó, tragando con regularidad.

Esarhaddon comprendió que era una burra, la madre del pollino, y esto ni le sorprendió ni le afligió, sino que más bien le produjo placer. Experimentó un sentimiento de alegría ante la vida simultánea en sí mismo y en su descendencia.

Pero de pronto algo voló cerca con un silbido y le dio en el costado, y con su afilada punta se le metió en la piel y en la carne.

1984