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nydus/Short FictionPublic
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II

El tejado estaba descuidado; y un lado se había hundido, de modo que la cubierta delantera no se apoyaba en los soportes, sino en el estiércol.

Churis, con el filo y la cabeza de un hacha, arrancaba las varas que reforzaban el techo.

Iván era un campesino de cincuenta años. De estatura baja. Las facciones de su rostro ovalado y bronceado, enmarcado por una barba y un cabello castaño oscuro donde empezaba a asomar un rastro de canas, eran hermosas y expresivas.

Sus ojos azul oscuro brillaban con inteligencia y una bondad perezosa, desde debajo de sus párpados semicerrados. Su boca pequeña y regular, claramente definida bajo su fino bigote rubio ceniza cuando sonreía, delataba una calmada seguridad en sí mismo y una cierta indiferencia burlona hacia todo lo que le rodeaba.

Por la aspereza de su piel, por sus profundas arrugas, por las venas que sobresalían prominentemente en su cuello, rostro y manos, por su corcova antinatural y la postura torcida de sus piernas, era evidente que toda su vida la había pasado en un duro trabajo, muy por encima de sus fuerzas.

Su atuendo consistía en unos calzones de cáñamo blanco, con remiendos azules en las rodillas, y una camisa sucia del mismo material, que se le subía constantemente por la espalda y los brazos. La camisa iba ceñida a la altura de la cadera por un cinturón, del cual pendía una llave de latón.

—Buenos días —dijo el bárin, al entrar en el patio. Churis miró a su alrededor y siguió con su trabajo; haciendo movimientos enérgicos, terminó de despejar los zarzos de debajo del cobertizo y solo entonces, habiendo hincado el hacha en el tajo, salió al centro del patio.

—¡Felices Pascuas, Excelencia! —dijo él, haciendo una profunda reverencia y alisándose los cabellos.

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