que la hoja inferior cayó suavemente sobre el umbral, un párpado lacio. Parecía cerrada. Bien hasta que vuelva de todos modos.
Cruzó hacia el lado luminoso, esquivando la trampilla suelta del número setenta y cinco. El sol se acercaba al campanario de la iglesia de Jorge.
Hará un día cálido, me parece. Sobre todo con esta ropa negra, se nota más. El negro conduce, refleja (¿refracta es?), el calor. Pero no podía ir con aquel traje claro. Parecería que voy de excursión.
Los párpados se le cerraban suavemente a menudo mientras caminaba bajo la feliz calidez.
La furgoneta de pan de Boland repartiendo con bandejas nuestro pan de cada día pero ella prefiere las hogazas de ayer empanadillas crujientes coronas calientes. Hace que te sientas joven.
En algún lugar del este: madrugada: partir al alba, viajar costeando por delante del sol robarle un día de ventaja. Seguir así siempre sin envejecer ni un solo día técnicamente. Caminar por una playa, tierra extraña, llegar a una puerta de la ciudad, centinela allí, veterano además, los grandes bigotes del viejo Tweedy apoyados en una especie de lanza larga. Vagar por calles con toldos. Rostros con turbantes que pasan. Oscuras cavernas de tiendas de alfombras, hombre grandote, Turko el terrible, sentado con las piernas cruzadas fumando una pipa de agua. Gritos de vendedores en las calles. Beber agua aromatizada con