mismas.
Un sueño de calzas bien rellenas. ¿Dónde fue eso? Ah, sí. Vistas de mutoscopio en la calle Capel: solo para hombres. Tom el Mirón. El sombrero de Willy y lo que las chicas hicieron con él. ¿Les sacan instantáneas a esas chicas o es todo un truco?
La lencería hace el milagro. Palpaba las curvas dentro de su deshabillé. Los excita también cuando están. Estoy toda limpia ven y ensúciame. Y les gusta vestirse la una a la otra para el sacrificio. Milly encantada con la nueva blusa de Molly. Al principio. Ponérselo todo para quitárselo todo. Molly. Por eso le compré las ligas violetas.
Nosotros también: la corbata que llevaba, sus preciosos calcetines y los pantalones remangados. Llevaba un par de polainas la noche en que nos conocimos. Su preciosa camisa brillaba bajo su ¿qué? de azabache.
Dicen que una mujer pierde un encanto por cada alfiler que se quita. Alfiler con alfiler. Oh, Mairi perdió el alfiler de su. Vestidas de punta en rueda para alguien. La moda es parte de su encanto. Justo cambia cuando vas tras la pista del secreto.
Salvo el este: María, Marta: ahora como entonces. No se rechaza ninguna oferta razonable. Ella tampoco tenía prisa. Siempre corriendo hacia un tipo cuando lo están. Nunca olvidan una cita. A la caza de clientes probablemente. Creen en el azar porque se parecen a ellos. Y las otras inclinadas a darle algún que otro empujón.
Amigas en el colegio, con los brazos alrededor del cuello o con los diez dedos entrelazados, besándose y cuchicheando secretos sobre nada en el jardín del convento. Monjas con caras encaladas, cofia fresca y los rosarios subiendo y bajando, vengativas también por lo que no pueden tener. Alambre de espino. Acuérdate bien de escribir anímate. Y yo te escribiré