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Capítulo 8

para ser vistas. Sin hablar jamás. Quiero decir a tipos como Flynn. Supongamos que hiciera Pigmalión y Galatea ¿qué diría primero? ¡Mortal! Te pondré en tu sitio. Apurando néctar en el banquete con los dioses, platos de oro, todo ambrosíaco. No como un almuerzo de un chelín que tenemos, cordero hervido, zanahorias y nabos, botella de Allsop. Nectar, imagínatelo bebiendo electricidad: comida de los dioses. Formas encantadoras de mujer esculpidas, junonianas. Inmortales, encantadoras. Y nosotros metiendo comida por un agujero y sacándola por detrás: comida, quilo, sangre, estiércol, tierra, comida: hay que alimentarlo como si echaras carbón a una máquina. Ellas no tienen. Nunca miraron. Miraré hoy. El celador no verá. Agacharse dejar caer algo a ver si ella.

Goteando un silencioso mensaje desde su vejiga tuvo que ir a hacer a no hacer allí que hacer.

Un hombre y dispuesto vació su vaso hasta las heces y caminó, a los hombres también se entregaban, varonilmente conscientes, yacían con hombres amantes, un joven la disfrutó, hacia el patio.

Cuando cesó el ruido de sus botas, Davy Byrne dijo desde su libro:

—¿Qué es él exactamente? ¿No anda en el negocio de los seguros?

—Eso lo dejó atrás hace mucho tiempo, dijo Nosey Flynn. Hace campaña para el Freeman.

—Lo conozco bien de vista —dijo Davy Byrne—.

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