— ¡Abajo los ingleses! ¡Pérfida Albión!
Él dijo y luego alzó en sus rudas, grandes, membrudas y vigorosas manos la medher de oscura, fuerte y espumosa cerveza y, lanzando su lema tribal Lamh Dearg Abu, bebió por la perdición de sus enemigos, una raza de poderosos y valerosos héroes, señores de las olas, que se sientan en tronos de alabastro silenciosos como los dioses inmortales.
―¿Qué te pasa, le digo a Lenehan. Tienes cara de tipo que ha perdido un duro y se ha encontrado un real.
―Copa de oro, dice él.
―¿Quién ganó, don Lenehan? ―dice Terry.
― Throwaway, dice, a las doce y cuarenta. Un caballo descartado por completo. Y los demás, ni figuraron.
―¿Y la yegua de Bass? ―dice Terry.
—Aún corriendo, dice él. Todos vamos en un