Magee le gusta citar. Guardaos de lo que deseáis en la juventud, porque lo obtendréis en la madurez. ¿Por qué le envía a una que es una buonaroba, una bahía donde todos los hombres navegan, una dama de honor con una juventud escandalosa, a un lordecito para que la corte por él? Él mismo era un señor del lenguaje y se había convertido en un caballero zopenco y había escrito Romeo y Julieta. ¿Por qué? La fe en sí mismo ha sido asesinada a destiempo. Primero fue vencido en un campo de trigo (de centeno, debería decir) y jamás volverá a ser un vencedor ante sus propios ojos ni jugará victoriosamente el juego de reír y tumbarse. Un donjuanismo fingido no ha de salvarlo. Ningún desatar posterior deshará el primer desatamiento. El colmillo del jabalí lo ha herido allí donde el amor yace desangrándose. Si la arpía resulta vencida, aún le queda a ella el arma invisible de la mujer. Siento en las palabras algún aguijón de la carne que lo empuja hacia una nueva pasión, una sombra más oscura que la primera, oscureciendo incluso su propia comprensión de sí mismo. Un destino semejante lo aguarda y ambas iras se funden en un torbellino.
Se inclinan. Y en los porches de sus oídos vierto.
—El alma ha sido antes herida de