Eso es redactar para el diario. Salir por el Dargle de los curas. Dos viejos pillos, ¿eh?
—Pero tienen miedo de que el pilón se caiga —siguió Stephen—. Ven los tejados y discuten sobre dónde están las distintas iglesias: la cúpula azul de Rathmines, la de Adán y Eva, la de san Lorenzo O’Toole. Pero les da vértigo mirar, así que se levantan las faldas…
Aquellas hembras un tanto alborotadas
—Con calma todos —dijo Myles Crawford—, sin licencia poética. Estamos en la arquidiócesis.
—Y se posaban en sus refajos de rayas, mirando hacia arriba a la estatua del adúltero manco.
―¡Adúltero de una sola asa! exclamó el profesor.
Me gusta. Veo la idea. Veo lo que quieres decir.
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―Eso les da tortícolis, dijo Stephen, y están demasiado cansados para mirar arriba o abajo o para hablar. Ponen la bolsa de ciruelas entre ellos y se comen las ciruelas de la bolsa, una tras otra, limpiándose con los pañuelos el zumo de ciruela que se les chorrea de la boca y escupiendo los huesos de ciruela despacio entre los barrotes.
Dio de pronto una sonora y joven risa a modo de despedida. Lenehan y el señor O’Madden Burke,