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Capítulo 13

vidrio brillando.

Así es como ese sabio cómo se llama el de la lupa.

  • Luego el brezo se prende fuego.
  • No pueden ser cerillas de turistas.
  • ¿Qué?
  • Tal vez las ramas secas se froten con el viento y prendan.
  • O botellas rotas en el árgoma hacen de lupa con el sol.

Arquímedes. ¡Ya lo tengo! Mi memoria no es tan mala.

Ba. Quién sabe a qué vuelan siempre. ¿Insectos? La abeja de la semana pasada se metió en la habitación jugando con su sombra en el techo. Puede ser la que me picó, ha vuelto a ver. Los pájaros tampoco se entera uno de lo que dicen. Como nuestra cháchara. Y dice ella y dice él. Qué jeta tienen para volar por encima del océano y volver. A muchos los matarán las tormentas, los cables de telégrafo. Qué vida tan espantosa llevan también los marineros. Grandes brutos de vapores transoceánicos chapoteando en la oscuridad, mugiendo como vacas marinas. Faugh a ballagh. Fuera de ahí, malditos seáis. Otros en barquichuelos, con un trozo de pañuelo por vela, bamboleándose como rapé en un velatorio cuando soplan los vientos de tempestad. Casados también. A veces ausentes durante años en el quinto pino. En el quinto pino no, porque la redonda es. Una mujer en cada puerto, dicen. Hace buen negocio si lo cuida hasta que Juanito vuelva marchando a casa. Si es que alguna vez vuelve. Oliendo las heces de los puertos. ¿Cómo les puede gustar el mar? Y sin embargo les gusta. Se levanta el ancla. Zarpa con un escapulario o una medalla encima para tener suerte. ¿Y bien? Y el tephilim no cómo es esto que llaman que tenía el padre de mi pobre papá en la puerta para tocar. Que nos sacó de la tierra de Egipto y

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