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Capítulo 13

fiaba de esas lavanderas ni lo que tardaría en verlas chamuscar las prendas.

Llevaba el azul por la suerte, contra toda esperanza, su propio color y también el color de la suerte para una novia por aquello de llevar un cacho de azul en alguna parte porque el verde que se puso aquel día de la semana pasada trajo desgracia porque su padre lo metió dentro para estudiar para la reválida de segunda enseñanza y porque pensaba que tal vez él pudiera estar fuera porque cuando se estaba vistiendo aquella mañana estuvo a punto de ponerse al revés el par viejo por dentro y eso era para dar suerte y para citas de enamorados si uno se pone esas cosas al revés con tal de que no fuera en viernes.

Y sin embargo, ¡y sin embargo! ¡Esa expresión de tensión en su rostro! Una pena roedora está ahí todo el tiempo. Su alma misma está en sus ojos y daría mundos por estar en la intimidad de su propia y familiar habitación donde, cediendo a las lágrimas, pudiera desahogarse a gusto y aliviar sus sentimientos reprimidos.

Aunque no demasiado porque sabía llorar con gracia ante el espejo. Eres encantadora, Gerty, decía. La pálida luz del atardecer cae sobre un rostro infinitamente triste y melancólico. Gerty MacDowell suspira en vano.

Sí, ella había sabido desde el principio que su fantasía de un matrimonio concertado y las campanas de boda repicando por la señora Reggy Wylie T. C. D. (porque la que se casara con el hermano mayor sería la señora Wylie) y en las gacetillas de la alta sociedad la señorita Gertrude Wylie luciendo un suntuoso modelo de color gris adornado con costoso zorro azul no iba a realizarse. Él era demasiado joven para comprender. No creía en el

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