fijamente a los ojos.
Edy Boardman le preguntó a Tommy Caffrey si había terminado y él dijo que sí, así que ella le abrochó los pantaloncitos y le dijo que se fuera a jugar con Jacky y que fuera bueno y no se peleara.
Pero Tommy dijo que quería la pelota y Edy le dijo que no, que el nene estaba jugando con la pelota y que si se la quitaba se iba a armar la marimoreca, pero Tommy dijo que era su pelota y quería su pelota y pataleó en el suelo, ¡fíjate tú! ¡Vaya genio el suyo! ¡Ay, ya era todo un hombrecito el pequeño Tommy Caffrey desde que había dejado los vestiditos! Edy le dijo que no, que no, y que se largara ya de una vez, y le advirtió a Cissy Caffrey que no le diera el gusto.
―Tú no eres mi hermana, dijo el travieso Tommy. Es mi pelota.
Pero Cissy Caffrey le dijo al nene Boardman que mirara arriba, que mirara bien alto a su dedo y le arrebató la pelota rápidamente y la arrojó por la arena y Tommy detrás a toda carrera, habiendo ganado el partido.
—Todo sea por vivir en paz, se rio Ciss.
Y le hizo cosquillas en las dos mejillas al chiquitín para hacerle olvidar y jugó a aquí va el alcalde, aquí van sus dos caballos, aquí va su coche de jengibre y aquí entra él, barbilludo, barbilludo, barbilludo barb.
Pero a Edy le puso de los nervios que él se saliera siempre con la suya así, con todo el mundo mimándolo.
―Me gustaría darle algo, dijo ella, vaya que sí, aunque no diré dónde.
―En el beoteetom, se rio Cissy alegremente.
Gerty MacDowell bajó la cabeza y se encendió de vergüenza ante la idea de que