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Chapter 7: In the Heart of the Hibernian Metropolis

Lambert, sentado en la mesa, siguió leyendo:

— O también, obsérvense los meandros de algún arroyuelo rumoroso mientras balbucea en su camino, abanicado por los más suaves céfiros aunque disputando con los obstáculos pedregosos, hacia las aguas saltarinas del azul dominio de Neptuno, en medio de riberas musgosas, sobre las que juega la gloriosa luz del sol o bajo las sombras proyectadas sobre su seno melancólico por el follaje abovedado de los gigantes del bosque.

¿Qué tal eso, Simon? —preguntó por encima del borde de su periódico—. ¿Qué tal suena eso de fino?

―Cambiando de bebida, dijo el señor Dedalus.

Ned Lambert, riendo, golpeó el periódico sobre sus rodillas, repitiendo:

— El pecho pensativo y el ramaje que forma cúpula. ¡Oh muchachos! ¡Oh, muchachos!

―Y Jenofonte miró a Maratón, dijo el señor Dedalus, mirando de nuevo a la chimenea y a la ventana, y Maratón miró al mar.

—Basta, exclamó el profesor MacHugh desde la ventana. No quiero oír más de esa porquería.

Comió lo que le quedaba de la medialuna de galleta de agua que había estado picoteando y, con hambre, se dispuso a picotear la galleta que tenía en la otra mano.

Cosas elevadas. Odres. Ned Lambert se toma el día libre, por

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