filón. Veletas. Soplando frío y caliente con el mismo aliento. No sabría uno a quién creerle. Una historia es buena hasta que oyes la siguiente. Se lanzan a degüello en los periódicos y luego todo se olvida. Íntimos amigos al momento siguiente.
―Ah, escucha esto por el amor de Dios, suplicó Ned Lambert. O de nuevo si escalamos las serriadas cumbres de las montañas…
—¡Grandilocuencia! —interrumpió el profesor con irritación—. ¡Basta ya de bufonadas infladas!
—Cimas —continuó Ned Lambert—, que se elevan más y más alto, para bañar nuestras almas, por decirlo así…
―Límpiate los labios, dijo el señor Dedalus. ¡Bendito y eterno Dios! ¿Sí? ¿Está tomando algo para eso?
— Por decirlo así, en el incomparable panorama del portafolio de Irlanda, inigualable, a pesar de sus elogiados prototipos en otras regiones galardonadas y pregonadas por su extrema belleza, de boscoso soto y ondulada llanura y frondoso prado de verde vernal, sumergido en el resplandor trascendente y translúcido de nuestro suave y misterioso crepúsculo irlandés…
Su dórico natal
―La luna, dijo el profesor MacHugh. Se olvidó de Hamlet.
― Eso cubre el panorama a lo ancho y a lo largo y espera a que el resplandeciente orbe de la luna brille con fuerza para