y nadie sabía cómo pararlas, seguirían haciendo clanc una y otra vez de la misma manera, imprimiéndolo una y otra vez, de arriba a abajo y de atrás adelante. Una monería todo el asunto. Hay que mantener la cabeza fría.
—Bueno, mételo en la edición de la tarde, concejal —dijo Hynes.
Pronto estaré llamándolo mi señor alcalde.
Dicen que Long John lo apoya.
El capataz, sin responder, garrapateó imprimir en una esquina de la hoja y le hizo una seña a un linotipista. Le entregó la hoja en silencio a través de la mampara de vidrio sucio.
―Bien: gracias —dijo Hynes alejándose.