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Capítulo 9

la esposa del burgués que invitó a su lecho a Dick Burbage después de verlo en Ricardo III y cómo Shakespeare, al oírlo, sin más ruido y pocas nueces, tomó el toro por los cuernos y, cuando Burbage fue a llamar a la puerta, respondió desde las mantas del capón: Guillermo el Conquistador vino antes que Ricardo III. Y la alegre comadre, la señora Fitton, móntate y grita Oh, y sus delicados pajaritos, lady Penelope Rich, una mujer de fina alcurnia es propia para un actor, y las rameras de la orilla del banco, a penique el servicio.

Cours-la-Reine. Encore vingt sous. Nous ferons de petites cochonneries. Minette? Tu veux?

―Lo más alto de la buena sociedad. Y la madre de sir William Davenant, de Oxford, con su copa de vino de Canarias para cada pichón de gallo.

Buck Mulligan, con sus devotos ojos al cielo, rezó:

—¡Bendita Margarita María Anycock!

―Y la hija de Enrique de las seis esposas y otras damas amigas de los asientos vecinos, como canta Lawn Tennyson, poeta caballero.

Pero en todos esos veinte años, ¿qué te imaginas que hacía la pobre Penélope en Stratford detrás de los vidrios de rombos?

Hacer y hacer. Cosa hecha. En un rosal de Fetter Lane de Gerard, herborista, camina él, de castaño canoso. Una campanilla azur como sus venas. Párpados de

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