la tetera.
A punto de hervir sin duda: un penacho de vapor por el pico. Escaldó y enjuagó la tetera y puso cuatro cucharadas colmadas de té, inclinando luego el hervidor para dejar que el agua fluyera adentro.
Tras ponerlo a reposar, apartó el hervidor y aplastó la sartén de golpe sobre las brasas vivas y vio el trozo de mantequilla deslizarse y derretirse. Mientras desenvuelvo el riñón, el gato maullaba hambriento contra su pierna.
Si le das demasiada carne no caza ratones. Dicen que no comen cerdo. Kosher. Toma.
Dejó caer el papel manchado de sangre hacia ella y soltó el riñón en medio de la salsa de mantequilla chisporroteante. Pimienta. La esparció con los dedos, en círculos, desde la huevera desportillada.
Luego rajó su carta, echando un vistazo a la página y al dorso.
Gracias: * nueva boina: * Mr Coghlan: * pícnic en el lough Owel: * joven estudiante: * las muchachas veraniegas de Blazes Boylan.
El té estaba listo. Llenó su propia taza con bigotera, imitación de corona Derby, sonriendo.
El regalo de cumple de la tonta Milly. Tenía solo cinco años entonces. No, espera: cuatro. Le regalé el collar de ámbar prensado que rompió. Metiendo trocitos de papel de estraza doblado en el buzón para ella.
Sonrió, sirviendo.
Oh, Milly Bloom, eres mi encanto. Eres mi espejo de la noche a