cambrianas y caledonias, la mastodóntica nave de recreo se alejó lentamente, saludada por un último tributo floral de las representantes del bello sexo que abarrotaban el lugar, mientras, a medida que avanzaba río abajo, escoltada por una flotilla de gabarras, las banderas del Negociado de Lastres y de la Aduana se inclinaban en señal de saludo, al igual que las de la central eléctrica de Pigeonhouse.
¡Hasta la vista, querido amigo! ¡Hasta la vista!
Gone but not forgotten.
Vate, el diablo lo paró hasta que se hizo con la maldita lata de todos modos y a la calle con él y el pequeño Alf agarrado al codo y él gritando como un cerdo degollado, tan bueno como cualquier maldita obra en el teatro real de la Reina.
―¿Dónde está para que lo mate?