Su sangre está en mí, sus lujurias mis olas. Me moví entre ellos en el Liffey helado, yo, un cetrino, entre las chisporroteantes hogueras de resina. A nadie hablé: nadie a mí.
El ladrido del perro corrió hacia él, se detuvo, corrió de vuelta. Perro de mi enemigo. Me quedé simplemente de pie, pálido, acosado. Terribilia meditans. Un jubón prímula, bufón de la fortuna, sonrió ante mi miedo. ¿Es por eso por lo que languideces, por el ladrido de sus aplausos?
Pretenders: live their lives. The Bruce’s brother, Thomas Fitzgerald, silken knight, Perkin Warbeck, York’s false scion, in breeches of silk of whiterose ivory, wonder of a day, and Lambert Simnel, with a tail of nans and sutlers, a scullion crowned. All kings’ sons. Paradise of pretenders then and now.
Él salvó a hombres de morir ahogados y tú tiemblas por el ladrido de un chucho. Pero los cortesanos que se burlaban de Guido en Or san Michele estaban en su propia casa. Casa de... No queremos ninguna de tus abstrusiosidades medievales. ¿Harías tú lo que él hizo? Habría un bote cerca, un salvavidas. Natürlich, puesto ahí para ti. ¿Lo harías o no lo harías?
El hombre que se ahogó hace nueve días junto a la roca de Maiden. Lo están esperando ahora. La verdad, suéltala. Yo querría. Lo intentaría. No nado muy bien. Agua fría blanda. Cuando meto la cara en ella en la jofaina de Clongowes. ¡No veo! ¿quién está detrás de mí? ¡Fuera rápido, rápido!