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Chapter 12

desde Jacquard de Lyon y nuestra seda tejida y nuestros tweeds de Foxford y el encaje de aguja de marfil del convento carmelita de New Ross, ¡no hay nada igual en todo el ancho mundo! ¿Dónde están los mercaderes griegos que llegaron a través de las columnas de Hércules, ese Gibraltar ahora usurpado por el enemigo de la estirpe humana, con oro y púrpura tiria para vender en Wexford en la feria de Carmen? Lean a Tácito y a Ptolomeo, e incluso a Giraldus Cambrensis. Vino, pieles, mármol de Connemara, plata de Tipperary, segunda de ninguna, nuestros famosos caballos hasta hoy, los hobbies irlandeses, con el rey Felipe de España ofreciéndose a pagar derechos de aduana por el derecho a pescar en nuestras aguas. ¿Qué nos deben los patitiesos de Anglaterra por nuestro comercio arruinado y nuestros hogares arruinados? Y los cauces del Barrow y del Shannon que no quieren profundizar con millones de acres de marisma y ciénaga para hacernos morir a todos de tisis.

—Tan sin árboles como Portugal nos vamos a quedar pronto, dice John Wyse, o como Heligoland con su único árbol si no se hace algo para reforestar el país. Alerces, abetos, todos los árboles de la familia de las coníferas se están acabando rápidamente. Estaba leyendo un informe de lord Castletown…

—Salvadlos, dice el ciudadano, el fresno gigante de Galway y el olmo caudillo de Kildare con un tronco de cuarenta pies y un acre de follaje. Salvad los árboles de Irlanda para los hombres futuros de Irlanda en las bellas colinas de Éire, oh.

―Europa tiene los ojos

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