bien que le sacó el valor de la apuesta, te lo aseguro!
Y, he aquí, se hizo en torno a todos ellos una gran claridad y contemplaron el carro en el que Él iba ascender a los cielos.
Y Le contemplaron en el carro, revestido con la gloria de la claridad, con vestiduras como del sol, hermosas como la luna y terribles de modo que por el asombro no osaban mirarLe.
Y vino una voz del cielo, que clamaba:
¡Elías! ¡Elías!
Y Él respondió con gran grito:
¡Abbá! ¡Adonai!
Y Le contemplaron, sí, a Él, ben Bloom Elías, entre nubes de ángeles ascender a la gloria de la claridad en un ángulo de cuarenta y cinco grados por encima del establecimiento de Donohoe en Little Green Street como un tiro de pala.