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Capítulo 6

cadáver, blanco salobre y desmenuzable: olor,

Las verjas brillaban enfrente: aún abiertas. De vuelta al mundo otra vez. Basta de este sitio. Te acerca un poco más cada vez. La última vez que estuve aquí fue en el entierro de la señora Sinico. El pobre papá también. El amor que mata. Y hasta raspar la tierra por la noche con un farol como ese caso del que leí para llegar a las mujeres recién enterradas o incluso putrefactas con llagas sepulcrales purulentas. Te da escalofríos al cabo de un rato.

I will appear to you after death. You will see my ghost after death. My ghost will haunt you after death. There is another world after death named hell. I do not like that other world she wrote.

Yo tampoco. Todavía hay mucho que ver y oír y sentir. Sentir seres vivos y cálidos cerca de ti. Que duerman en sus lechos llenos de gusanos. No me van a atrapar a mí esta entrada. Lechos cálidos: vida cálida y de sangre caliente.

Martin Cunningham salió de un sendero lateral, hablando con gravedad.

Solicitor, creo. Le conozco la cara. Menton. John Henry, solicitor, comisario juramentado para declaraciones y affidavits. Dignam solía estar en su oficina. El de Mat Dillon hace tiempo. El alegre Mat, veladas de camaradería. Pollo frío, puros, los vasos del Tantalus.

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