eso en el Melenas, se acuerda de la copa de oro, vaya que sí, pero juro por Dios que al ciudadano lo habrían trincado por agresión y a Joe por cooperador necesario. El cochero le salvó la vida conduciendo como un energúmeno tan seguro como que Dios hizo a Moisés. ¿Qué? ¡Ay, Jesús, que sí! Y le soltó una sarta de tacos que pa qué.
—¿Lo maté, dice él, o qué?
Y él gritándole al maldito perro:
—¡Tras él, Garry! ¡Tras él, chico!
Y lo último que vimos fue el maldito coche doblando la esquina y el viejo cara de oveja en él haciendo aspavientos y el maldito chucho detrás con las orejas gachas corriendo todo lo que el maldito infierno le daba para despedazarlo miembro a miembro. ¡Cien a cinco! ¡Jesús,