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Capítulo 5

vigente según su absoluta discreción. Misas por el eterno descanso de mi alma que se dirán públicamente con las puertas abiertas. Monasterios y conventos. El sacerdote en el caso del testamento de Fermanagh en el banquillo de los testigos. Nada de intimidarlo. Tenía la respuesta justa para todo. Libertad y exaltación de nuestra santa madre la iglesia. Los doctores de la iglesia: trazaron todo el mapa de su teología.

El sacerdote rezó:

—San Miguel Arcángel, defiendenos en la hora del combate. Sé nuestro amparo contra la maldad y acechanzas del demonio (reprímale Dios, pedimos suplicantes); y tú, oh príncipe de la milana celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.

El cura y el monaguillo se levantaron y se alejaron. Todo acabado. Las mujeres se quedaron atrás: acción de gracias.

Más vale ir tirando. Hermano Buzz. A lo mejor se pasa con el cepillo. A cumplir con la pascua.

Se levantó. Hola. ¿Estaban esos dos botones de mi chaleco abiertos todo el tiempo. A las mujeres les gusta. Les molesta si no. Por qué no me lo dijiste antes. Nunca te lo dicen. Pero nosotros. Disculpe, señorita, hay una (¡siss!) solo una (¡siss!) pelusa. O la falda por detrás, con la bragueta desenganchada. Destellos de la luna. Aún así te prefiero desaliñado. Menos mal que no fue más hacia el sur. Pasó, abotonándose discretamente, por el pasillo central y salió por la puerta principal hacia la luz. Se quedó un momento sin ver junto a la fría pila de mármol negro mientras ante él y a su espalda dos fieles mojaban manos huidizas en la marea baja del agua bendita. Tranvías: un carro de los tintes de Prescott: una viuda de luto riguroso. Me fije porque yo mismo estoy de luto. Se recubrió. ¿Qué hora es? Y

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