—Te diré —dijo con solemnidad— cuál es su mayor orgullo. Me he pagado lo mío.
Buen hombre, buen hombre.
― Me he pagado lo mío. Jamás he pedido prestado ni un chelín en mi vida. ¿Puedes sentir eso? No le debo nada a nadie. ¿Tú puedes?
Mulligan, nueve libras, tres pares de calcetines, un par de zapatos brogues, corbatas.
Curran, diez guineas.
McCann, una guinea.
Fred Ryan, dos chelines.
Temple, dos almuerzos.
Russell, una guinea, Cousins, diez chelines, Bob Reynolds, media guinea, Köhler, tres guineas, la señora McKernan, cinco semanas de pensión.
La suma que tengo no sirve para nada.
—Por