le leía de memoria una fábula en solfa, parmodoseando de plano:
―Ah fox met ah stork. Said thee fox too thee stork: Will you put your bill down inn my troath and pull upp ah bone?
Él habló en vano monótonamente.
La señorita Douce se volvió hacia su té a un lado.
Él suspiró, aparte:
—¡Ay de mí! ¡Ay!
Saludó al señor Dedalus y recibió una inclinación de cabeza.
―Saludos del famoso hijo de un famoso padre.
―¿Quién podrá ser?, preguntó el señor Dedalus.
Lenehan abrió unos brazos de lo