Dios, ¿quién iba a ser sino ese maldito viejo chocho de Denis Breen en zapatillas de baño con dos malditamente grandes libros metidos bajo el brazo y la mujer detrás suya a todo correr, la infeliz desgraciada trote que te trote como una perrita caniche. Pensé que Alf reventaba de risa.
—Míralo, dice él. Breen. Va arrastrando los pies por todo Dublín con una postal que alguien le mandó con un p. a. : pa. arriba para llevar una pe …
Y se dobló por la mitad.
―¿Tomar el qué? ―digo yo.
—Querella por difamación, dice él, por diez mil libras.
―¡Oh, infiernos! ―digo yo.
El maldito chucho empezó a gruñir de esos que te meten el miedo en el cuerpo al ver que algo pasaba pero el ciudadano le dio una patada