John Eglinton:
—Yo ya estaba preparado para las paradojas por lo que nos contó Malachi Mulligan, pero casi puedo advertirle que si quiere sacudir mi creencia de que Shakespeare es Hamlet, tiene usted una ardua tarea por delante.
Tengan paciencia conmigo.
Stephen resistió el azote de las miradas malvadas, brillando severas bajo cejas arrugadas.
Un basilisco.
E quando vede l’uomo l’attosca.
Messer Brunetto, te agradezco la palabra.
—Así como nosotros, o la madre Dana, tejemos y destejemos nuestros cuerpos —dijo Stephen—, día a día, con sus moléculas yendo y viniendo, así teje y desteje el artista su imagen. Y así como el lunar de mi teta derecha está en el mismo sitio