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Chapter 4

a medias mediante suaves tirones, con el rabillo del ojo la vio mirar la carta y esconderla bajo la almohada.

―¿Sirve eso? ―preguntó, volviéndose.

Ella leía la tarjeta, apoyada en el codo.

―Ella consiguió las cosas, dijo.

Esperó hasta que ella hubo dejado la tarjeta a un lado y se acurrucó de nuevo lentamente con un suspiro de satisfacción.

—Date prisa con ese té —dijo ella—. Estoy reseca.

—La tetera está hirviendo —dijo él.

Pero tardó en despejar la silla: su enagua de listas, arrojada ropa blanca sucia: y lo levantó todo de un brazado a los pies de la cama.

Mientras bajaba las escaleras de la cocina, ella llamó:

—¡Poldy!

―¿Qué?

―Escalda

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