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Chapter 12

―gritó el que había golpeado―. Cuida de nuestras bestias. Y para nosotros, danos de lo mejor que tengas, pues a fe mía que lo necesitamos.

―¡Válgame Dios, buenos señores —dijo el mesonero—, mi pobre casa apenas tiene una despensa provista! No sé qué ofrecer a vuestras señorías.

―¿Cómo es eso, amigo? —exclamó el segundo del grupo, un hombre de rostro apacible—, ¿así sirves a los mensajeros del rey, maestro Taptun?

Un cambio instantáneo se extendió por el rostro del mesonero.

—Perdonad, caballeros —dijo humildemente—. Si sois mensajeros del rey (¡Dios ampare a Su Majestad!), no os faltará de nada. Los amigos del rey (¡Dios bendiga a Su Majestad!) no pasarán hambre en mi casa, os lo aseguro.

―¡Pues a otra cosa! ―exclamó el viajero que no había hablado, un tragaldabas fornido por su

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