Dedalus—. ¿No sería más decente que ir a galope emparejados?
—Bueno, en eso hay algo —concedió el señor Dedalus.
—Y, dijo Martin Cunningham, no habríamos tenido escenas como aquella cuando el coche fúnebre zozobró cerca de lo de Dunphy y volcó el ataúd a la carretera.
—Eso fue terrible, decía el rostro conmovido del señor Power, y el cadáver se desplomó por la carretera. ¡Terrible!
―Primera ronda en Dunphy’s, dijo el señor Dedalus, asintiendo. La copa Gordon Bennett.
—¡Alabado sea Dios! —dijo piadosamente Martin Cunningham.
¡Bom! Disgustado. Un ataúd que salta a la carretera. Se abre de golpe. Paddy Dignam sale disparado y rodando rígido por el polvo con un hábito marrón demasiado grande para él.
- Cara roja: gris ahora.
- Boca abierta.
Preguntando qué pasa ahora. Muy bien cerrarla. Da asco abierta. Luego las entrañas se descomponen deprisa. Mucho mejor cerrar todos los orificios. Sí, también. Con cera. El esfínter flojo. Sellarlo todo.
—Dunphy’s, anunció el señor Power cuando el coche dobló a la derecha.
La esquina de Dunphy. Coches fúnebres alineados ahogando su dolor. Una pausa a la vera del camino. Inmejorable sitio para un pub. Me figuro que pararemos aquí a la vuelta para beber a su salud. Pasar la consolación. Elixir de la vida.
Pero supongamos ahora que ocurriera. ¿Sangraría si un clavo, digamos, lo cortara en el trajín? Sangraría