telegramas entró con ligereza, arrojó un sobre en el mostrador y salió a toda prisa sin decir palabra.
― Freeman !
El señor Bloom dijo lentamente:
—Bueno, él también es uno de nuestros salvadores.
Una sonrisa mansa lo acompañó al levantar la hoja del mostrador, al pasar por la puerta lateral y avanzar por las cálidas y oscuras escaleras y el pasillo, a lo largo de las tablas que ahora retumbaban.
Pero ¿salvará la tirada?
Póm, póm.
Empujó la puerta batiente de vidrio y entró, pisando el papel de embalaje esparcido. A través de un pasillo de tambores metálicos se abrió paso