Dolores shedolores. A mí. Tentadora. Ah, tentadora.
— ¡Martha! ¡Ah, Martha!
Abandonando todo sopor, clamó Lionel con dolor, con un grito de pasión dominante sobre el amor, para regresar con acordes de armonía cada vez más profundos y a la vez ascendentes.
En el grito de la soledad de Lionel que ella debía conocer, debía sentir Martha.
Solo por ella esperaba.
¿Dónde? Aquí allí prueba ahí aquí todo prueba dónde. En alguna parte.
—¡Ve‑n, oh tú, la perdida! ¡Ve‑n, oh tú, la querida!
Solo. * Un amor. * Una esperanza.