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Capítulo 8

lado también. Espera. Piénsatelo bien.

Con un dedo suave palpó muy lentamente el pelo peinado hacia atrás sobre las orejas. Otra vez. Fibras de paja muy muy fina.

Luego suavemente su dedo palpó la piel de su mejilla derecha. Pelo velloso ahí también. No lo bastante terso. El vientre es lo más terso.

Nadie a la vista. Allá va hacia la calle Frederick. Quizás a la academia de baile de Levenston al piano. Podría estar arreglándome los tirantes.

Al pasar junto al mesón de Doran, metió la mano entre el chaleco y los pantalones y, retirando la camisa con suavidad, palpó un pliegue fláccido en su vientre.

Pero sé que es blancoamarillento. Quieres probar en la oscuridad para ver.

Retiró la mano y se cerró el vestido.

Pobre muchacho! Un crío todavía. Terrible. De verdad terrible. Qué sueños tendría, sin ver. La vida un sueño para él. Dónde está la justicia de nacer así. Todas esas mujeres y niños de excursión merienda campestre quemados y ahogados en Nueva York. Holocausto. Karma llaman a eso transmigración por pecados que hiciste en una vida pasada la reencarnación le salió al paso. Válgame, válgame, válgame. Lástima desde luego: pero de algún modo no logras encajar con ellos de alguna manera.

Sir Frederick Falkiner entrando en el salón de los masones.

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