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Capítulo 9

fils (¿o es Dumas père?) tiene razón. Después de Dios, Shakespeare es quien más ha creado.

—El hombre no le complace ni la mujer tampoco —dijo Stephen—. Regresa tras una vida de ausencia a ese rincón de tierra donde nació, donde siempre ha estado, hombre y muchacho, testigo silencioso y allí, acabado su viaje por la vida, planta su moralera en la tierra. Luego muere. El movimiento ha terminado. Los sepultureros entierran a Hamlet père y a Hamlet fils. Un rey y un príncipe al fin en la muerte, con música incidental. Y, aunque asesinado y traicionado, llorado por todos los corazones frágiles y tiernos porque, danés o dublinés, la pena por los muertos es el único esposo del que se niegan a divorciarse.

Si te gusta el epílogo, detente en él: el próspero Próspero, el hombre bueno recompensado, Lizzie, el terrón de azúcar del abuelo, y el tito Richie, el malo llevado por la justicia poética al lugar adonde van los negros malos. Telón rotundo.

Halló en el mundo exterior como real lo que estaba en su mundo interior como posible. Maeterlinck dice: Si Sócrates sale hoy de su casa encontrará al sabio sentado en el umbral. Si Judas sale esta noche es hacia Judas a quien se encaminarán sus pasos. Cada vida consta de muchos días, día tras día.

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